Les
quiero contar que el fin de semana, terminé el libro de Piedad Bonnett “Lo que
no tiene nombre”
¡Existen
libros bellamente escritos y este!
Son
130 páginas y es una joya de libro. En la que queda plasmado lo que significa
la perdida y el duelo de un hijo.
Saben
que es lo más maravilloso de este libro es la posibilidad de hablar sobre salud
mental. Y justo hoy 10 de Sep se celebra el “Dia Mundial de la Prevención del
SUICIDIO”
Para
quienes no la conocen, Piedad es una poeta, novelista y crítica literaria
colombiana y ella decide escribirlo a modo de catarsis ya que su hijo Daniel
toma la decisión de quitarse la vida a los 28 años en el 2011. En el libro nos
decide compartir su dolor, sus reflexiones y lo que no se habla de suicidio, Lo
que no se nombra… en ocasiones mata.
Daniel
era un artista, había estudiado artes, y justo momentos antes de su muerte se
encontraba estudiando una maestría en la universidad de COLUMBIA en NY, desde
muy niño su pasión por el dibujo y la pintura, era su conexión con la tierra.
Pero
él siempre pensaba que el arte no era una profesión para poder vivir, pensaba
que no era económicamente rentable y su perfeccionismo desmedido, y un diagnóstico
de esquizofrenia y de depresión, fue lo que llevo a Daniel a suicidarse, era
tanto el dolor emocional, que él no vio otra salida. Es entender que la persona
no quiere morir, sólo quiere dejar de sentir dolor.
Algo
que ella manifiesta en el libro, es que, si el suicidio no fuera un tema Tabú,
ella nunca hubiera accedido a ocultar ante la sociedad la enfermedad mental de
Daniel, de pronto así no había tenido que lidiar con el rechazo de las
personas que no entendían que era lo que le pasaba y quizás hasta hubiera
podido lidiar mejor con las exigencias académicas, en lugar de fingir ser
“normal” y sobreexigirse.
Hablar
del suicidio no induce a la persona a hacerlo, el silencio sí. Ella también
hace énfasis que el sistema de salud nuestro, no cubre todo lo necesario para
sobrellevar una enfermedad mental, y pone en evidencia las limitaciones como
poca disponibilidad de consultas y ttos, accesos muy limitados a especialistas
y costosos si se llevan de manera privada. Ella aquí hace un llamado a la
reflexión, pide sensibilidad, comprensión, recursos y que dejemos de
estigmatizar a las personas que sufren de enfermedades mentales, mientras esto
no tenga un llamado a la acción, hay un montón de familias, enfrentando
situaciones de desesperación y de falta de apoyo.
Algo
que admiro del libro y a pesar del dolor de la autora, es que consciente de la
libertad de su hijo y de la naturaleza de su enfermedad, acepto la decisión de
Daniel sin maquillarla, me gusta el estoicismo ante la muerte, a pesar de todo
el dolor que sufrió como madre, es esa aceptación ante la tragedia, y sobre
todo, esa lucha por decir la verdad de los hechos y por llamarlos como son, por
usar las palabras correctas y ser honesta con todo lo sucedido. Sin tapar nada,
ni ocultarlo.
Para
enfrentar, vivir ese duelo, investigar, leer sobre la causa de su enfermedad,
después de su muerte hay que ser valiente.
Leer
este libro permite eso: entender la enfermedad, identificar los rasgos y ser
comprensivos con quien aquellos que la padecen. Piedad acompañó a su hijo
“hasta el final”, es decir camino a su lado y a pesar que intentó modificar su
ruta, lo dejó ser guía en todo el trayecto y respeto siempre los deseos y
decisiones de su hijo.
Esta
es una de las cosas que más valoro del libro, me hizo empatizar con Daniel y
por extensión a todos los que sufren enfermedades mentales, ver la realidad de que,
aunque no es tan visible como las del cuerpo, si esta es más letal, ya que las
enfermedades mentales, no se ven y en ocasiones se camuflan.
Lo
que no tiene nombre hizo conmigo lo que debía: Me hizo pensar, me conmovió, me
involucro en la historia y sin duda, no salí indiferente.
Lo
que no tiene nombre es un libro que le da voz, a un problema que nos atraviesa
a todos como sociedad, ya que los problemas mentales, no discriminan, género,
edad, ni estatus social.
Nos
hace entender desde adentro la cuestión del suicidio, y también para entender cómo
se manifiestan las alertas, de las personas que lo están considerando, si más
personas leyéramos este tipo de temas, seguramente no serían temas tabús, si no
más libres para conversarlo.
Y
termina con esto: Ahora, pues he tratado de darle a tu vida, a tu muerte
y a mi pena un sentido.
Gracias
Piedad, por compartir y ayudar a través de tus letras, a acompañar y a sanar a
otros.


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