¡El Silencio como Aprendizaje…!

 

Hay días en los que la tranquilidad no hace ruido, pero sostiene todo.

Llevo varios meses con una disfonía, que me ha tenido en un reposo eterno de voz, (esa ha sido la recomendación médica) y es ahí donde decido mirar el silencio no como castigo, sino como maestro. Aunque les debo confesar, no ha sido fácil.

Donde la pausa, tiene sus propias revelaciones, cambios internos y formas nuevas de escucharse.

A veces no necesitamos sentirnos eufóricos, ni “bien” todo el tiempo… basta con sentir paz por un momento ….”Un día a la vez” (me lo repito a diario).

Ojalá hoy puedas darte esos pequeños instantes: Mirar al cielo, respirar sin afán, tomar tú bebida favorita, leer, aunque sea una página o simplemente existir sin exigirte tanto.

No ha sido solamente ausencia de voz, también ha sido presencia conmigo misma.

En ocasiones la vida nos baja el volumen afuera, para que podamos escucharnos más claro por dentro, y a veces: orar más, leer más, contemplar más…. Es permitirte estar contigo sin correr y sin afán.

Claro que hay momentos, en que esto me abruma, me cansa, porque extraño poder hablar libremente (sin pensar que la garganta va a doler, o se va a agotar), reír sin pensar, expresarme como siempre. Pero también pienso que este tiempo, me está enseñando algo muy profundo, sobre la calma, la paciencia y la manera en que mi alma, habita este momento.

A veces toca cuidarnos, sin pelear con el proceso.

Y adaptarnos no significa resignarse, significa aprender a habitar una etapa nueva sin dejar de ser yo.

Los procesos tienen algo curioso: Al principio uno solo ve la incomodidad, el cambio, la incertidumbre …Etc, pero con el tiempo empiezan a revelar lo que están construyendo dentro de nosotros.

Y siento que incluso en medio de la dificultad, he elegido vivirlo con mucha más consciencia, un camino más bonito (así a veces no lo parezca) porque he aprendido a otro ritmo, más liviana, más conectada con lo esencial, el silencio no me apago, me hizo más contemplativa, mucho más presente.

Estos días entendí, que está bien si me canso del proceso, si en ocasiones lloró, porque esto me sobrepasa, que la paciencia no siempre se siente bonita, a veces pasa, y desespera un poco.

Si hoy estás atravesando un proceso que te sobrepasa, quiero decirte algo desde mi propia experiencia: no siempre podremos entender de inmediato por qué ciertas pausas llegan a nuestra vida, pero sí podemos decidir cómo transitarlas.

A veces la vida nos obliga a bajar el ritmo, a guardar silencio, a detenernos cuando no queríamos hacerlo. Y aunque al principio incomode, también puede convertirse en un espacio para escucharnos más profundo, para volver a nosotros y aprender a tratarnos con más amor y paciencia.

No te exijas sanar rápido. No te castigues por sentirte distinto. Hay procesos que no vienen a destruirnos, sino a transformarnos.

Habítalo un día a la vez. Incluso los días “raros” también pasan. Y quizá, cuando mires atrás, descubras que aquello que tanto te dolió también te enseñó a vivir de una manera más consciente y más serena.

Algo que me repito a diario y te puede servir a ti:

“No tengo que tener todo resuelto hoy, sólo debo seguir caminando”

Un día a la vez.

 


Publicar un comentario

1 Comentarios

  1. Sí, a veces lo único que se necesita para volver a nosotros mismos es quedarnos en silencio para poder mirarnos por dentro.

    ResponderBorrar