Hay
días en los que la tranquilidad no hace ruido, pero sostiene todo.
Llevo varios meses con una disfonía, que me ha tenido en un reposo eterno de voz, (esa ha sido la recomendación médica) y es ahí donde decido mirar el silencio no como castigo, sino como maestro. Aunque les debo confesar, no ha sido fácil.
Donde la pausa, tiene sus propias revelaciones, cambios internos y formas nuevas de escucharse.
A
veces no necesitamos sentirnos eufóricos, ni “bien” todo el tiempo… basta con sentir
paz por un momento ….”Un día a la vez” (me lo repito a diario).
Ojalá
hoy puedas darte esos pequeños instantes: Mirar al cielo, respirar sin afán, tomar
tú bebida favorita, leer, aunque sea una página o simplemente existir sin exigirte
tanto.
No
ha sido solamente ausencia de voz, también ha sido presencia conmigo misma.
En
ocasiones la vida nos baja el volumen afuera, para que podamos escucharnos más
claro por dentro, y a veces: orar más, leer más, contemplar más…. Es permitirte
estar contigo sin correr y sin afán.
Claro
que hay momentos, en que esto me abruma, me cansa, porque extraño poder hablar
libremente (sin pensar que la garganta va a doler, o se va a agotar), reír sin
pensar, expresarme como siempre. Pero también pienso que este tiempo, me está
enseñando algo muy profundo, sobre la calma, la paciencia y la manera en que mi
alma, habita este momento.
A
veces toca cuidarnos, sin pelear con el proceso.
Y
adaptarnos no significa resignarse, significa aprender a habitar una etapa
nueva sin dejar de ser yo.
Los
procesos tienen algo curioso: Al principio uno solo ve la incomodidad, el
cambio, la incertidumbre …Etc, pero con el tiempo empiezan a revelar lo que
están construyendo dentro de nosotros.
Y
siento que incluso en medio de la dificultad, he elegido vivirlo con mucha más
consciencia, un camino más bonito (así a veces no lo parezca) porque he
aprendido a otro ritmo, más liviana, más conectada con lo esencial, el silencio
no me apago, me hizo más contemplativa, mucho más presente.
Estos
días entendí, que está bien si me canso del proceso, si en ocasiones lloró,
porque esto me sobrepasa, que la paciencia no siempre se siente bonita, a veces
pasa, y desespera un poco.
Si
hoy estás atravesando un proceso que te sobrepasa, quiero decirte algo desde mi
propia experiencia: no siempre podremos entender de inmediato por qué ciertas
pausas llegan a nuestra vida, pero sí podemos decidir cómo transitarlas.
A
veces la vida nos obliga a bajar el ritmo, a guardar silencio, a detenernos
cuando no queríamos hacerlo. Y aunque al principio incomode, también puede
convertirse en un espacio para escucharnos más profundo, para volver a nosotros
y aprender a tratarnos con más amor y paciencia.
No
te exijas sanar rápido. No te castigues por sentirte distinto. Hay procesos que
no vienen a destruirnos, sino a transformarnos.
Habítalo
un día a la vez. Incluso los días “raros” también pasan. Y quizá, cuando mires
atrás, descubras que aquello que tanto te dolió también te enseñó a vivir de
una manera más consciente y más serena.
Algo
que me repito a diario y te puede servir a ti:
“No
tengo que tener todo resuelto hoy, sólo debo seguir caminando”
Un
día a la vez.
.png)
1 Comentarios
Sí, a veces lo único que se necesita para volver a nosotros mismos es quedarnos en silencio para poder mirarnos por dentro.
ResponderBorrar